A través de sus historias, Green Saga nos plantea retos y situaciones que conocemos bien pero que a veces nos parecen lejanas. Es difícil sentirse involucrado en algo que sucederá en el futuro, aunque ese futuro no esté tan lejos y, a menudo, sea tan cercano que resulte «presente». A veces, nos desanimamos porque los problemas parecen insuperables, y las malas noticias que nos llegan no hacen más que aumentar nuestra ansiedad.
A menudo creemos que la situación ya está perdida, que el cambio climático es imparable y que ninguna de las acciones o iniciativas que cada persona puede llevar a cabo no solo son insuficientes, sino completamente inútiles. Si bien es cierto que los glaciares se están derritiendo y que el mar y los arrecifes de coral se están agotando, también lo es que hay personas y países que no solo siguen creyendo que hay otra forma de hacer las cosas, sino que han tomado medidas concretas al poner en práctica decisiones que están mejorando la vida.
Uruguay es un claro ejemplo: entre 2008 y 2015 transformó su sistema eléctrico y, en la actualidad, produce casi el 100 % de su electricidad a partir de fuentes renovables.
La decisión principal fue confiar la tarea a un científico y no a un político que, por el contrario, habría intentado complacer a los grupos de presión de los productores de petróleo y gas. Ramón Méndez Galain, exsecretario de Energía y Cambio Climático, es físico y experto en energía; lideró la transformación energética y logró que casi toda la electricidad del país se generara a partir de fuentes renovables. Presidente de REN21 y fundador de la Asociación Ivy, una organización sin ánimo de lucro, fue galardonado con el Premio Carnot en 2023.
En la actualidad, sigue desempeñando un papel destacado gracias a la asociación IVY, con la que promueve y apoya a los gobiernos latinoamericanos en su transición económica, con el fin de demostrar que lo que se ha logrado es un método exportable.
La historia energética de Uruguay es muy diferente a la de muchos países europeos y americanos y, al igual que muchos países de esta parte del mundo, no se libró de las dificultades económicas provocadas por las diversas crisis que se sucedieron. Sin embargo, la respuesta de este pequeño país no solo fue diferente, sino también visionaria: puso en marcha una transformación radical de su sector energético bajo los gobiernos de Tabaré Vázquez (2005-2010; 2015-2020) y José Mujica (2010-2015).
A finales de la década de 1990, el país, que aún consideraba la energía nuclear como la única solución, decidió orientar su política energética hacia las energías renovables, tanto para reducir la dependencia de los combustibles fósiles como para eliminar su huella de carbono.
Por ello, se inició una inversión masiva en parques eólicos (50,8 %) y otras fuentes de energía renovable: solar (2,7 %), hidroeléctrica (30,9 %) y biomasa (15,7 %), sin grandes subvenciones gubernamentales, pero sobre todo sin suponer una carga para los consumidores, quienes, por el contrario, se beneficiaron del cambio, tanto en lo que respecta a los costes energéticos como al impacto medioambiental. En enero de 2024, Uruguay alcanzó el notable hito de generar aproximadamente el 100 % de la electricidad a partir de fuentes renovables, según los datos de la Administración del Mercado Eléctrico (ADME).
Todo esto fue posible gracias a que ningún cambio de gobierno canceló el plan ni modificó sus objetivos, lo que supuso, en la práctica, una «transición sistémica» que implicó cambios en las infraestructuras y en la normativa, sin recurrir a incentivos aislados —que sabemos que no son útiles—, sino a un proyecto a largo plazo con metas y objetivos muy concretos.
La producción ha superado las necesidades del país, lo que ha permitido a Uruguay vender y exportar el excedente a sus vecinos: Argentina y Brasil.
El modelo uruguayo ha recibido elogios internacionales por su eficiencia y sostenibilidad, y sigue centrando sus recursos en la innovación y las tecnologías verdes para mantener y consolidar sus logros.
Esperamos que, más allá del reconocimiento internacional que ha recibido, países como Uruguay puedan servir de ejemplo a seguir.
En un momento en el que varios países europeos están frenando algunas medidas del GREEN DEAL, las decisiones políticas deberían seguir guiándose por la evidencia científica y no por la propaganda política fácil. Europa también puede hacer mucho. Por ejemplo, Islandia produce casi el 100% de su electricidad a partir de fuentes renovables, mientras que Noruega produce alrededor del 98%. Sin embargo, depende de nosotros, como ciudadanos, exigir e impulsar este cambio lo antes posible.
Uruguay nos demuestra que esto es posible.
Fuentes:
https://www.futuroprossimo.it/2025/09/modello-uruguay-100-rinnovabili-niente-miracoli-ha-gia-vinto